Como dice el refrán. La necesidad es la madre del invento.
Y es por la falta de necesidad que el movimiento independentista puertorriqueño no alcanza niveles significativos.
El puertorriqueño no siente la necesidad, ni tampoco la urgencia, de independizarse de los Estados Unidos y crear una nueva nación.
La ausencia de elementos claves como las organizaciones, instituciones, fundaciones, asociaciones y fraternidades —elementos intelectuales y civiles— respaldados por un capital sustancial. Es, por sí solo, una configuración de esta realidad.
Desafortunadamente, por la falta de estos elementos críticos acompañados de un capital substancial personas sin recursos mentales en el asunto tienden aprovechar el momento como billetes falsos circulando en un mundo de ciegos que no quieren ver.

Es claro que el puertorriqueño está conforme con el imperio norteamericano. Ya el está, estamos, americanizados.
La diáspora puertorriqueña de seis millones y un poquito más, el doble de los hermanos que residen en la isla, confirma esta realidad.
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