Puerto Rico, USA.

¿Es usted de los que alguna vez en su vida ha dicho: “Allá, en los Estados Unidos”?

Por supuesto que sí. Es parte de nuestra jerga puertorriqueña. Nos describimos —inconscientemente, pero también a propósito— como un pueblo separado de la nación norteamericana de la cual formamos parte. Nosotros somos y ellos son. Ellos allá, y nosotros acá.

Puede ser que eso se deba a la influencia de tener un himno propio y a nuestra participación deportiva a nivel mundial. Pero yo argumento que va más allá de eso. Para mí, es un anhelo psicológico por un país. Por una patria.

Pregunte si Puerto Rico es parte de los Estados Unidos y la mayoría le dirá que sí. Pregunte si Puerto Rico es Estados Unidos y la respuesta no será la misma. ¿Por qué la diferencia? Porque ese anhelo nos lleva a desmentir la realidad de nuestra posición en el mundo. Una realidad que no podemos negar físicamente, pero que emocionalmente sí reinterpretamos. Nos contamos una historia donde Puerto Rico y los Estados Unidos tienen un pacto que le brinda a la isla cierta autonomía, manteniéndola como parte de los Estados Unidos, pero no como un ente completamente integrado al territorio de los Estados Unidos de Norteamérica.

Otros piensan que, por no ser un estado, Puerto Rico no puede ser Estados Unidos. En otras palabras, que para ser Estados Unidos hay que ser un estado. Es cierto que si Joe Doe pone un pie en Puerto Rico viniendo desde Carolina del Norte, va a sentir un cambio —por el idioma, por la cultura—, pero en cuanto entra a Plaza Las Américas… ¡voilà! Bienvenido a los Estados Unidos.

La realidad es la realidad: por ser un territorio bajo la jurisdicción del gobierno federal de los Estados Unidos de Norteamérica, Puerto Rico es Estados Unidos de Norteamérica.

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