
Hay una palabra antigua en la Biblia que me ha dejado pensando: ḥerem. No es muy conocida, pero cuando uno entiende lo que significa, es difícil olvidarla. Ḥerem no era solo una orden de guerra, era algo más extremo. En los textos bíblicos, era una instrucción divina para destruir completamente a un enemigo: no solo a los soldados, sino también a mujeres, niños, animales, templos, libros… todo. La idea era “consagrarlo” a Dios a través de la eliminación total. En otras palabras, borrar por completo a un pueblo de la historia.
Hoy me pregunto si algo parecido está pasando con el pueblo palestino. No me refiero a un decreto religioso, claro, pero sí a una forma moderna de aplicar esa misma lógica: eliminar al enemigo hasta hacerlo desaparecer. No solo físicamente, sino también culturalmente y territorialmente.
En el libro de Josué, por ejemplo, se habla de cómo destruyeron la ciudad de Jericó sin dejar nada ni nadie con vida. Dice así:
“Y destruyeron a filo de espada todo lo que en la ciudad había: hombres y mujeres, jóvenes y viejos, hasta los bueyes, las ovejas y los asnos.”
(Josué 6:21)
Hoy, cuando veo lo que pasa en Gaza y Cisjordania —los bombardeos, el bloqueo total, las casas destruidas, las escuelas y hospitales atacados— no puedo evitar hacer una comparación. ¿No estamos viendo una versión moderna de esa antigua práctica?
A veces se justifica todo esto diciendo que es por seguridad o por defensa. Pero también en la Biblia se decía que era por obediencia a Dios. Y esa forma de pensar, la de ver al enemigo como algo que debe ser eliminado por completo, sigue viva en muchas decisiones de guerra.
No digo esto como un ataque a un país o a una religión. Lo digo porque me importa la justicia. Porque si no somos capaces de reconocer patrones del pasado que se repiten hoy, entonces nunca podremos hacer algo diferente. Y yo creo que todos los pueblos, incluso los que han sido vistos como “enemigos”, tienen derecho a existir, a vivir con dignidad, a no ser borrados.
Por eso me pregunto con seriedad: ¿estamos viendo un nuevo ḥerem, esta vez contra los palestinos del siglo XXI?
Y si lo estamos viendo, ¿vamos a callar, o vamos a tener el valor de decirlo?
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