Cada vez que veo un comercial de Coca-Cola o de su hermana gemela por parte de padre, la Pepsi-Cola, me acuerdo de la serpiente en el paraíso fastidiando a Adán y Eva.

La Pasión Cristo

Óigame, no comprendo cómo es posible que cristianos, judíos y musulmanes puedan estar consumiendo tanto de este producto, un producto que no tiene ningún valor nutritivo. No contiene proteína, no contiene fibra y el montón de calorías que tiene son calorías procesadas, calorías falsas. Estos productos, sin duda, son productos chatarra.

En las cartas del apóstol Pablo escritas para la comunidad de Corintios (1 Corintios 6:19-20), él nos recuerda que el cuerpo es un templo del Espíritu Santo y que tanto el cuerpo como el espíritu son el vehículo utilizado para adorar a Dios. Y que el verdadero dueño de ese cuerpo es Dios.
Pero, como la serpiente de ayer, la serpiente de hoy, como culebra que es, te dirá que recuerdes al apóstol Marcos (Marcos 7:18-19), donde Jesús dice que todo lo que el hombre coma no lo puede contaminar, porque no le entra al corazón, sino al estómago. Sin embargo, en esa conversación, Jesucristo se refiere a alimentos, no a un montón de químicos que te pueden llevar a una prediabetes o a una diabetes.

Usted, cristiano que me escucha, recuérdele a la serpiente que el apóstol Pablo nos enseña: “Así que, ya sea que coman, que beban o que hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31). Y manténgase lejos de las sodas.

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